La vida empieza a partir de un árbol, la cruz en la que está colgado el fruto preciado del Padre, su Hijo Jesús. Ese fruto produce el néctar que nos une al cielo, su sangre preciosa. El cuerpo cortado, molido, masacrado, triturado es su carne que nos alimenta en la fracción del pan. ¡Cuánto quisiera Señor, no haber tomado parte en tus ultrajes! Merezco estar en tu lugar crucificado.
©JGR. Soy un Quijote de otro tiempo.
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