y en sus okos lo destila,
eternamente en su vida,
hunde el puñal del oprobio.
Inicia triste velorio
pues su muerte presenta,
en su coraje y afrenta,
cual jinete desbocado,
pobre hombre, perturbado,
por su arrogancia inmnesa.
Se le nota la impacincia
por destruir al contrario
pues lo ve su adversario,
no percibe su imprudencia.
Le ofende con conciencia
sin medir toda palabra
y la fama que aquel labra,
la destruye sin medidas,
sin importarle que en vida,
con creces todo se paga.
©JGR. Soy un Quijote de otro tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario